

© Gustavo Charif 2006.
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Personaje adentrándose en el claro
En aquellos tiempos nadie quería vivir en Albania.
Irrepetible la voz en el consuelo absurdo, de la mirada buscó con los oídos la palabra que lo supiera proteger del desprecio desolado de la plenitud natural de tanto valle con sus ríos, plantas, animales que no deseaban ser más que lo que eran ni atrapar sonidos inefables.
De pronto recuerda, pero no recuerda quién dijo los animales son más hermosos que los humanos pues están desnudos por fuera pero también por dentro. Entonces en los ojos del viajero se reflejan el vidrio asesino de la indiferencia del majestuoso buitre al tiempo que la ternura solidaria y triste del lémur que reconoce tanto misterio inabordable en la dolorosa existencia al presentársele.
Melancólica elegancia de la escena, bajo los callados árboles.
(De El cuerpo humano.)
Hoja sin fecha, ruinas de unos versos
Cruzo una selva de signos espaciales y sé que soy visible en alguna puntuación.
Recuerdo la descarga del rencor blanca. Útil para engalanar ostensible un amoroso encuentro. Supe el porqué de la comparación de un encuentro así con una batalla. Entre tanto
el Sol: un espíritu de carne consumiendo el aire.
(De El cuerpo humano.)
Ninfa del Crazy Horse
A Muriel.
...saber si tu boca sangra por dolor o es alegría, o si tus labios superiores (mejor dicho y aún) se despegan, breves en la sonrisa suave que burlándose burlan nuestra condición lunar que -todavía- nos separa: sombra de la desconfianza (proyectada higuera). Pero un mundo de mutuas percepciones se originan en estado larvario y se reproducen regularmente, sólo que estas revoluciones, por minuto sirven sólo a los ideales de nuestra comprensión en nuestras vísceras, poblando los resquicios sórdidos de penumbra submarina que los médicos podrían examinar apenas superficialmente como los buzos la fauna abisal o los gendarmes el placer de las armas...
(De El cuerpo humano.)
Ringorrango del verso malogrado
Cansado, es el oro de las parcas que aparece sin poesía, el desdorado oro de los inútiles días recostándose aún en sus variadas experiencias sobre una mesa pobre como tantas.
(Ringorrango, en su sentido original: onomatopeya del sonido producido por la pluma sobre el papel.) Salir a dibujar.
(De El cuerpo humano.)
Estos pequeños pasos dados lentamente...
A quienes creyeron conocerme como para creer que me amaban estuve en el fondo. Abisal y tan extraño que añoré mi felicidad. Y busqué el origen de esta marca que envuelve y circunda: qué me poseía sin llanto que alcanzara para ahogarlo. Llegué a pensar en el organismo puro, primera ciencia.
(Si hablo en pasado es para no invocar, no más.)
Despierto al final de un largísimo sueño: una dicha ligera naciendo de la tranquilidad por saber que no hay metáforas a partir de aquí.
No sé qué día es, hoy. Las cosas no tienen nombre. Mi vida comienza otra vez.
"Comienza otra vez", me ordeno.
(De El cuerpo humano.)
Notas: En Personaje adentrándose en el claro, creo que la cita "los animales son más hermosos que los humanos pues están desnudos por fuera pero también por dentro", es tan veraz como la imposibilidad de recordar al verdadero autor. Con respecto al lémur, es un muy bello mamífero prosimio. De hocico puntiagudo y orejas medianas y vellosas, tiene las patas posteriores bastante más largas que las anteriores, y la cola es de mayor longitud que el cuerpo todo. Es nocturno y se alimenta de frutos. Habita en los bosques de Madagascar. Romanos y etruscos consideraban a los lémures genios maléficos. Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero los incluyen en El libro de los seres imaginarios llamándolos lemures. También Ovidio, como indican los autores referidos, trata sobre ellos en Los Fastos. Creo que aún hoy se celebran las Lemurias, fiestas nocturnas que honran a los lémures. En Ninfa del Crazy Horse, los versos "nuestra condición lunar que / -todavía- nos separa: sombra / de la desconfianza (proyectada higuera)", se refieren a la tradición china de ver una higuera en la luna.
Relato
Se recostaba, un bosque de manos, hacia un lado y luego hacia el opuesto, alternativamente. Se corre un riesgo, repetir palabras acostumbradas en la presunta espontaneidad dócil del automatismo; semejante, este riesgo reiterado, al acostumbrado truco repetido del prestidigitador, aplaudido en las primeras líneas del relato, que pierde su magia en la costumbre; literatura.
(De Narraciones simples.)
Causa perdida, sentido olvidado
Nadie recordaba la mañana. Sí la palabra y sus significados, pero no su origen: el color del aire, la cortina de sensaciones que implicaba la mañana; o, al menos, una. Los prehistóricos, por su parte, quizá sabían de mañanas. Pero no cómo nombrarlas. Lloraban en sus cuevas, aceptando la felicidad.
Esa mañana, “debía” “llegar a horario”, encontrarme con un semejante. Semejante a otro. Había grandes planes aguardándonos. A las pocas cuadras comencé a seguir a una mujer, concentrándome en las palabras mágicas para abordarla. El trajecito claro, ceñido; las generosas pantorrillas, descubiertas. Se detiene; ingresa en un local que vende encíclicas novarums. Me detengo, la vidriera ante mí. Al salir, puedo verla frontal. Lleva un texto carolingio grabado en el rostro. Extraña cebra. La dejo ir, pero ya no sé llegar a la cita.
Un coleóptero anuncia lágrimas ínfimas de rocío industrial, para las restantes horas. Difícil desplazarse en la humedad. Y sin embargo, cuántas ganas de pasear. Sensucht. La añoranza mezclándose al anhelo. Aufhebung. Rescisión de las voces, talladas hasta desaparecer. Una grieta, maravillosa sobre una pared, profunda como un alma desconocida. Me acerco, sumergiendo la mirada. Un mundo de hormigas procelosas narran un paseo entre una selva a la medida de sus corazones. Comprendo, entonces, cuán hermosa es la facultad de encerrar dos términos precisos, borrascosas y tormentosas, en una palabra única: procelosas. Así, esa tarde renuncié a mi empleo.
(De Narraciones simples.)
La tinta invisible
Escribo un relato donde todas las voces de los humanos personajes se presentan claras, y luminosas, y fuera de sus cuerpos mientras éstos, los cuerpos, son opacos y permanecen empañados aún en el aire más límpido, y aún para ellos mismos. Y lo peor es que las voces no corresponden jamás a sus actos.
(De Narraciones simples.)
La muerte amable del sueño (fragmentos)
Trataré de construir, otra vez, el pasado.
Ayer amanecía, sólido en el camastro que últimamente me sostiene, con la lucidez solar filtrándose, tortuosa, entre las obleas de madera grisácea. Mas la solidez de mi carne se desleía, derramándose postrera entre las sábanas. Mi osamenta delgada se desunía, suave pero decididamente. Traté de aludir al botellón de cristal, beber agua, pero mi mano atravesaba sin llegar a aferrar. Pasaron las horas, semejantes a una caravana luctuosa camino a un entierro pobre (un obrero, tal vez, el muerto). Traté de vivir, desesperadamente. Sentí los cambios en cada nervio, más tarde el sudor -copioso y regular-, y luego la corriente sanguínea, recorriéndolo todo muy calma. Acaso tuve un sueño fugaz, en donde permanecía contiguo a mí, como tantas veces. El despertar me devolvió a la lucha, aunque al menos ahora el cuerpo parecía constituido. Al moverme, dolorido me conmoví. Por hacer una pausa, en el relato también, recordé que hubo un tiempo en que habitaban otras personas junto a mí, en esta misma casa. También en otras. No sé cómo fui quedando tan solo.
(Al principio, amaba la tierra; creía terminar mis días en el mar. Numerosos hijos. Hasta que caí en la cuenta de mi carencia de brazos, de piernas, de poderes burocráticos que me permitieran discurrir en sentimientos de educada nobleza.)
Al parecer, puedo incorporarme. Ay, quién fuera una cucaracha... poseer, como ella, dos cerebros; alimentarse durante días de una huella digital. Llegar al baño me provoca cantar ante el espejo. Al rato estoy bailando enloquecido, mientras invento canciones pornográficas salpicadas de sin sentidos y apellidos célebres, una televisión concentrada en tabletas digestibles.
Puedo desayunar. La radio me conmueve con su fe, pero excedo el límite y siento deseos de estrangular al locutor, o de escarbar con mi mano en las entrañas de la locutora, para luego retirarla en un único impulso que deje a la mujer vaciada. Pienso, por un instante, en las radiaciones estelares, y me doy perfecta cuenta de la pertenencia a un futuro muy próximo -acaso esta noche próxima- de la imagen. En consecuencia, resuelvo bañarme profundamente, vestirme ceremoniosamente, y salir.
[...]
La hojarasca crepitaba armoniosa, lo que me hizo figurar la prehistoria de los árboles como una petrificada orquesta de músicos ilusionistas. La mierda perruna invade la ciudad (esto también construye la identidad de isótopos americios). Todas las veredas son rojas.
En un impulso por saber, trato de conducirme debidamente, pero siento otro impulso, irresistible, por alejarme de puertas, portones y vidrieras; alejarme paulatinamente, con discreción, hacia los entumados madereros de rugosos brazos fracturados. (Entumados creo que tampoco existe.) No obstante, al llegar a ellos, si es que se llega, se despliegan múltiples amenazas sobre mis hombros: “ramas”, así es como las nombran. Acelero el paso, hacia el verde abierto, mas no puedo evitar la acera bajo mis pies. De todos modos se está mejor así. Disminuyo el paso, con la odiosa blancura astral golpeando mi cabeza a pesar del otoño. (Es una avenida.) Flanqueando el parque infinito, alguien que pasa corriendo vestido como una manguera (creo que es un traje especial para entrenamiento deportivo, pues cada tanto veo mangueras similares aunque de diversos colores), me interrumpe. Ahora es difícil seguir. Me aproximo a un tremendo monumento iconográfico: un gran bronce que nos presenta a un niño maniatado, lloroso, que ha sido montado sobre un orgulloso león. Una placa, que acaso arroje alguna luz, a pesar de hallarse al pie. No; nada grabado en la placa. A unos espacios -unos seis minutos de distancia-, la acera donde hace un momento caminaba. Allí, la silueta de un anciano. Ya estoy allí. Es idéntico a un enano de jardín agrandado. Lleva un puntiagudo gorro roñoso. Ahora recuerdo qué iba a decir cuando comencé con En un impulso por saber.
En un impulso por saber, me siento a su lado. “Al principio, amaba la tierra; creía terminar mis días en el mar. Numerosos hijos. Hasta que caí en la cuenta de mi carencia de brazos, de piernas, de poderes burocráticos que me permitieran discurrir en sentimientos de educada nobleza”, digo, como para iniciar una conversación. “La bondad es considerada cosa de brutos, fíjese”, me responde. Observo, sin nombrarlo, que en su sonrisa hay un dejo ladino. Y telepático, además, ya que con esmerada dulzura me aconseja: “Mejor es que se mande a mudar”.
Biblia Dos (fragmentos)
Como si viniera de un sueño, un comienzo extraordinario. En medio de este cuarto tan blanco que de luz sólo se ensancha (tan pequeño es y tanta luz guarda), requiero un vistazo al cuerpecito de mi esposa que, reflejo de suave pesadilla, se conmueve desordenando apenas las sábanas. Agoniza. Intoxicada de sangre verde hace meses que agoniza en tanto distraigo, cuando para ella no es menester mi compañía, una novela doble acerca de un hombre que no soy yo pero que me aguarda para ser narrado por mí; un hombre que se involucra con una jovencita que lo consume y escribe, en rachas de convalecencia, una autobiografía mitológica. En detrimento de sí, mi héroe ha vendido ya cuarenta litros de su espíritu rojizo a fin de salvar a la adorada de un falso tormento familiar. Así es como busco construir una novela que sea el sabotaje a una muerte. Me levanto, y en medio de este cuarto tan blanco que de luz sólo se ensancha (tan pequeño es y tanta luz guarda), rebusco el equilibrio; un vistazo curvo alrededor. El cuerpo de mi mujercita, con vida aún -fortuna mía-, se mueve bajo la faz de sábanas desordenadas. Intoxicada de sangre verde, hace meses que agoniza. Es leve y frágil pero, cuando sabe, es el ser más fuerte y poderoso que jamás haya existido. (Cuando sabe. Es decir, cuando desnuda su cuerpo o cuando oculta su alma. Y cuando une las dos posibilidades convirtiéndose en un monstruo maravilloso.) Veo que todo pudo ser bueno. Nombrar personajes, aún en las fuentes rotas del abismo. La plomería abierta de los hielos... por allí se perdió la Criatura que Victor creara. Una de las manitas de Olga aferra el libro abierto que se pierde bajo su cabeza. Pienso en la graciosa ternura que sobrevendrá al contemplar, cuando despierte, su mejilla marcada con tinta por la presión de las páginas. (Nunca estuve tan pálido ni tan delgado, aún siéndolo por naturaleza. Empleo el dinero de la sangre vendida en paliar su enfermedad.) El libro abierto bajo el rostro de mi espora comenzó su redacción sin conocernos, pero concluyó hace seis días cuando la ceremonia de bodas, sesenta días después de que nos anunciaran la cercanía de su muerte. Lo extraigo, cuidando no despertarla, a fin de establecerlo para una versión definitiva. Su postura, apenas conmovida regresa. No despierta. Como una planta bajo las aguas perturbadas por el guijarro infantil. De todo soy consciente, aún de haberla llamado espora y no esposa (como seguramente alguien pretendió leer).
[...]
Antes de continuar la trascripción debo lavar mi rostro varias veces con agua fría, encontrándome de a ratos en el espejo, frontal... y casi me parezco legendario. Ser mi personaje, narrar el sabotaje mágico a una muerte. (“Intoxicada de sangre verde”, pienso, “hace meses que agoniza”. Quitaría el “hace meses que” si no se tratara de escribir. “Un auténtico monstruo”, luego, en lugar del “monstruo maravilloso”.) Aludo a la belleza del agua, la siento recorrerme como si jugara a explorarme con su frescura corriente. Pasan minutos, en nada semejantes entre sí y sin embargo hermanados. Es claro, tal vez demasiado, el párrafo sobre el “nombrar personajes” y lo que pudo haber sido, el paralelo con la Creación genética; pero es velada, y por eso más eficaz, la alusión plomiza al diluvio cruel del arrepentido celeste... como se arrepintiera luego el doctor Frankenstein, perdido demiurgo en el Polo Norte, persiguiendo su creación para destruirla. Al salir del baño miro la mejilla marcada por la presión de las páginas, pues ha volteado el cuerpo y sueña, la boca abierta al techo. Fuera de lo previsto mi mirada es vacía porque no puedo evitar creer que estudió, desde la raíz de su vulva, la postura exacta para provocar la ternura de los hombres aún durmiendo.
[...]
Veo que, en su origen, todo pudo ser bueno. Nombrar personajes, aún en la estructura múltiple de glaciares derrumbándose... La Criatura perdida también era buena. Preparo café mientras miro a Olga dormir en un bosque. Veo que su andar se vuelve sumiso en la pesadilla. Ahora, soñando, es una criatura que se observa desde un puente. Al desayuno pienso en la primera carta de un hombre a su mujer, quizás escrita en la corteza de arbusto de un papiro sumerio. Pudo haber dicho así: Todo, en semilla, es verdadero. Luego se corrompe, se impregna del invento que los hombres llamaron Muerte y que nació del temor a la plenitud, a la carne pura y sucia y unitaria en el vivir. Después pienso en su mujer, respondiéndole en epigramas de lógica maravillosa de acuerdo con él (hablo de acuerdo y sin nombrar al “amor”): Los árboles no pecan. Árboles y hombres nacen de semillas. Los hombres no pecan. (En su sueño, Olga continúa observándose desde un puente.) Quizás la luz también era buena hasta que fue nombrada. Luz bautizada no suele iluminar, sería un proverbio.
Teatro de cámara para no ser representado (fragmentos)
Próximamente.
El tulipán trasplantado al pasado
I Hieronymus Bosch: fundado infundado
Was für ein Mensch war Bosch? Die Tatsachen seines Lebens geben keine Antwort. Wir wissen nichts von ihm. -Anthony Bosman: Hieronymus Bosch; éd. Gebrüder Weiß, Verlag Lebendiges Wissen, Berlin-München, 1962.-
Sobre pocos pintores hay tantas historias infundadas y leyendas que se repiten tontamente como sobre Bosch. Es como si el propio misterio de su obra no bastara y los críticos se empecinaran en buscar, fuera de lo que tienen delante, explicaciones extraordinarias sin fundamento o interpretaciones de molde que eviten hacer lo primero que debiéramos hacer frente a una pintura: mirar. Así, sobre él se han dicho y siguen repitiéndose hasta en publicaciones que uno podría tomar por serias, falsedades que se reiteran neciamente. El más común de entre estos lugares comunes es “nada se sabe de él” y, a la vez, esta afirmación suele estar seguida de otras que son, por lo menos, bastante improbables: “era alquimista”, “pertenecía a la Hermandad del Espíritu Libre”, “era adamita”. Aseveraciones que parecen frutos estériles de quienes nunca supieron que lo fantástico forma parte de lo que llaman vida. “¿Qué clase de hombre era Bosch? Los hechos de su vida no dan respuesta. Nada sabemos de él”, nos dice el experto Anthony Bosman. Y es cierto, si tomamos rigurosamente la pregunta. Pero también es cierto que en general no sabemos qué clase de persona es la que amamos y con la cual dormimos. Por eso bien dice Bosman, “los hechos de su vida”. Porque hay hechos y, aunque no respondan, pueden comprobarse. Se conocen, así, algunas precisiones. Uno puede pasar por ‘s-Hertogenbosh y comprobar que existe su casa. Y también se sabe que su nombre era Jeroen van Acken y que su abuelo (Jan), su padre (Anthonis), dos de sus tíos (Thomas y Groossen) y su hermano (Groossen) eran pintores. Se ha dicho que el abuelo Jan fue su maestro, pero es difícil de creer pues murió en 1454 y Bosch nació alrededor de 1450. También se sabe que su abuelo materno era sastre, y que sin embargo se casó con una dama rica y de noble cuna llamada Aleit Vander Meervenne. [1] Ella aportó una buena dote que incluía terrenos, y el esposo se ocupó de las finanzas sin descuidar la pintura... ni la Iglesia. El 9 de agosto de 1516 en la capilla de la Hermandad de Nuestra Señora se celebran las exequias del “difunto cofrade Jeroen de Aquisgrán, llamado Bosch, insigne pintor”. “Cofrade”, porque era miembro de la devota Hermandad de Nuestra Señora. Nada más lejos de los Hermanos del Espíritu Libre. [2]
II El ojo de Dios
J’ai une bulle d’air. Je la sens très bien. Quand je suis triste, elle se fait plus lourde et parfois, quand je pleure, on dirait une goutte de mercure. La bulle d’air se promène de mon cerveau à mon coeur et de mon coeur à mon cerveau. -Fernando Arrabal: La pierre de la folie; libro pánico publicado en 1963.- [3]
Aunque Bosch parece no haberlo titulado, el cuadro popularmente llamado Extracción de la piedra de la locura figura en la colección del Museo del Prado como La cura de la demencia. Es un óleo pintado en una tabla de 48 centímetros de altura por 35 centímetros de base. Largamente se ha discutido si se trata de la copia de un original perdido, y otras conjeturas similares. El desconcierto parte por la diferencia de calidad entre el refinado paisaje y alguna rudeza en las figuras. Hoy día la mayoría de los peritos coinciden en tomarlo por original de la primera época. También se conviene en que Bosch toma una costumbre por entonces frecuente y reflexiona, ilustra o parodia (según cómo se lo mire) sobre una actividad propia de charlatanes: la operación por medio de la cual se extraía la piedra de la necedad (y no exactamente de la “locura”, como se dice hoy). [4] Algunos “símbolos” suelen ser traducidos de manera unánime: el embudo de la sabiduría como una ironía hacia el falso cirujano, el tratado de medicina sobre la cabeza de la monja como representación de la ignorancia, la bolsa a un costado del paciente atravesada por un puñal como para indicar la extracción del dinero (verdadera operación). En cuanto a la inscripción en enrevesados caracteres góticos que bordea la escena, “Meester snyt die Keye ras / Myne name is Lubbert Das”, suele mudarse así: “Maestro, saca las piedras / mi nombre es Lubbert Das”. Lubbert Das significaría zarcero castrado, que en el Flandes de aquellos tiempos probablemente significara no más que simplón. Se sospecha que Bosch pudo haberse inspirado para bautizar a su personaje en algunas escenas teatrales de la época, en las que era usual el personaje de un lubbert, una suerte de necio candoroso, típico marido engañado de las comedias populares. Suele decirse que el motivo de encerrar la escena en un círculo es para sentirnos reflejados en un espejo. Incluso el sensato y esclarecedor Walter Bosing, al hablar de esta obra dice que la “forma circular nos sugiere una vez más un espejo”. Pero no creo que sea la única manera de ver la composición. Hay indicios claros como para pensar que fue alrededor de esta época que Bosch pintó la tabla de Los siete pecados capitales, en la que la composición es dominada por el círculo central que hace las veces de ojo divino, con las malas acciones terrenales reflejadas en la pupila. ¿Por qué no podríamos pensar que La cura de la demencia también está siendo observada por Dios? Y otra posibilidad aún: ¿por qué no pensar en la redondez de la Tierra, un poco a la manera de La creación del mundo que pintará luego en los paneles cerrados de El jardín de las delicias? Creación del mundo cuyo paisaje uno puede relacionar con el paisaje de la Extracción, más aún si comparamos con la copia que de ésta se encuentra en el Rijkmuseum de Amsterdam, con el devenir de planos en gradación de tonos casi monocromos y medio transparentados. En referencia a todo el cuadro podemos discurrir, pero el médico no quita ninguna piedra. ¿En qué consiste, entonces, la operación? Dice Bosing: “Se advertirá también que el cirujano extrae de la cabeza de Lubbert no una piedra, sino una flor; otra flor de la misma especie está colocada sobre la mesa de la derecha”. [5] Otros algo más eruditos observaron que la flor es, puntualmente, un tulipán lacustre.
III Versiones
Master cut the stone out, my name is Lubbert Das. -Wire: Madman's Honey; canción del disco The Ideal Copy editado en 1987.-
No conozco versiones pictóricas anteriores, pero sí grabados e ilustraciones más antiguos. Un rasgo notable de Bosch es su habilidad para asimilar información de las más diversas disciplinas y combinarla con el espíritu de época. Lo vemos en la manera en que integraba especies animales desconocidas en Europa, sermones religiosos y publicaciones satíricas. A menudo pensamos en la imaginación de Bosch, pero olvidamos que imaginar es recordar. Era joven cuando las torturas públicas de Gante en los Países Bajos, cuando Alain de la Roche insertaba en sus sermones figuras animales que simbolizaban pecados y narraba la historia de la meretriz que devoraba y vomitaba a los negadores del Cristo; cuando se realiza el fresco con figuras grotescas del Infierno en la obra de la catedral de ‘s-Hertogenboch (obra que dirige quien puede haber sido su amigo, el arquitecto y grabador Allaert de Hameel). Era joven cuando se publican libros que influyeron fuertemente en su iconografía, tanto por sus conceptos como por sus grabados: la Visión de Tondalo, el Malleus Maleficarum, el poema Narrenschiff (Nave de los locos) de Brant, la Stultiferae naves (Nave de las locas), las semblanzas sobre San Antonio. Brand-Philip catalogó cuatro copias con variantes de La cura de la demencia; la más conocida, la ya referida del Rijkmuseum. Todas tienen en común el aumentar la cantidad de personajes. Posteriormente hubo adaptaciones de varios artistas, en su mayoría holandeses, entre las cuales las tres más difundidas son la atribuida a Pieter Brueghel el Viejo, la de Jan Steen y, mi favorita entre estas versiones posteriores, la de Jan Sanders van Hemessen (que también se encuentra en el Museo del Prado). [6] Al día de hoy hubo adaptaciones, homenajes, alusiones y citas de todas clases y ya no en lenguaje pictórico y gráfico, sino en puestas teatrales y en historietas, en caricaturas y en libros de ficción, en cine y en diseños publicitarios y discográficos. Pero en ninguna se extirpa un tulipán.
IV El misterio del tulipán
La flor extraída del cráneo del paciente, un tulipán lacustre, significaría dinero [Brand-Philip]. -La Obra completa de El Bosco; Editorial Origen, Barcelona, 1989.-
Es común que alguien, aún alguien que nunca visitó el país, piense de inmediato en tulipanes si piensa en Holanda. Pero la palabra tulipán proviene del otomano tülbend y éste del persa dulband (turbante), y recién en 1593 Carolus Clusius cultivó algunos en su jardín botánico de la Universidad de Leiden, por afición o como parte de sus investigaciones medicinales, empleando semillas y bulbos provenientes de Estambul. Se dice que era muy celoso de sus tulipanes y que un día robaron bulbos de su jardín, ya que al parecer se negaba a compartirlos. [7] Entre 1630 y 1637 comienza la tulpenmanie (o tulipomanía), en base al juego o manía novedosa de crear nuevos híbridos exóticos (dadas las posibilidades que en este sentido dicha planta ofrece). Los precios del tulipán se elevaron con desmesura, surgió en torno una nueva especulación financiera [8], y hasta hubo familias que llegaron a la ruina. Se cuenta de un comerciante que en 1636 pagó por un tulipán el precio de veinte toneladas de queso (el otro gran producto que identifica a Holanda). Finalmente el gobierno tomó partido en esta historia tan disparatada y decidió regular el comercio de tulipanes por medio de nuevas leyes. Parece evidente, entonces, que la teoría de Brand-Philip sobre el tulipán como símbolo de dinero se apoya débilmente en estos tiempos. Pero Bosch no fue contemporáneo a este extravío popular. Entonces, ¿cómo podría tener valor simbólico un objeto que aún no existía para el entorno del pintor? Y algo más extraño aún: que tantos estudiosos sigan viendo naturalmente al tulipán saliendo de la cabeza de Lubbert Das, y que ninguno de ellos haya notado, aún, que esa planta llegó por primera vez a Holanda cien años después de haberse secado la pintura de Hieronymus Bosch.
Gustavo Charif, escrito especialmente para Lejana Estigia, en el mes 8 del año XL.
NOTAS: I-1: En biografías no holandesas figura como Aleyt van der Mervenne. I-2: La idea de un Bosch adepto a la secta herética de los Hermanos del Espíritu Libre no tiene ninguna base histórica, y surge del descabellado libro de Wilhelm Fraenger (Hieronymus Bosch. Das Tausendjährige Reich. Grundzüge einer Auslegung, 1947). Para tratar de justificar sus premisas delirantes, Fraenger realiza interpretaciones más delirantes aún. Por ejemplo, afirma que La extracción de la piedra de la locura representa una ceremonia ritual de circuncisión. II-3: Tengo una burbuja de aire. La siento muy bien. Cuando estoy triste se hace más pesada y a veces, cuando lloro, se diría que es una gota de mercurio. La burbuja de aire se pasea de mi cerebro a mi corazón y de mi corazón a mi cerebro. -Fernando Arrabal: La piedra de la locura; libro pánico publicado en 1963.- Fragmentos de este extenso poema en prosa fueron publicados por primera vez por André Breton en el número 1 de la revista surrealista La Brèche. Breton consideró al escrito del fundador del movimiento pánico, desde un primer momento, como a “una obra maestra”. II-4: Ya el sabio persa Abū Bakr Muhammad ibn Zakarīya al-Rāzi (más conocido como al-Razi y también como Rhazes, y que vivió entre 865 y 925) denunciaba la práctica de extraer la piedra. No olvidar que al-Razi era médico, filósofo, físico, químico (descubrió el etanol y el ácido sulfúrico) y que era esencialmente racionalista. II-5: Walter Bosing: Bosch; Thames & Hudson Ltd., Londres, 1973. Cito la traducción española de la licenciada Maria Luisa Metz (El Bosco; Taschen, Madrid, 2000). A fin de equilibrar, noto que Bosing tiene muchos aciertos, como por ejemplo cuando dice que “debemos tachar de anacrónica la tendencia a interpretar las imágenes del Bosco en términos del surrealismo o de la psicología freudiana”. Recuerdo ahora que a Dalí no le agradaba Bosch, al que suele relacionárselo. Transcribiré dos extractos o tres del Entretiens avec Salvador Dalí (conocido en español como Dalí desnudado) de Alain Bosquet (1966)... Alain Bosquet: -Se acostumbra a afirmar, simplificando mucho, que usted es el Jerónimo Bosch de nuestro tiempo. ¿Qué lazos admite usted que existen entre ambos? Salvador Dalí: -Se trata de uno de los más horribles errores con respecto a mi personalidad. Las representaciones monstruosas y la imaginación delirante de Jerónimo Bosch han motivado que se le compare conmigo. Es un error muy grave que se repite incesantemente. Los monstruos de Jerónimo Bosch son la expresión de las selvas nórdicas envueltas en la neblina y en las terribles indigestiones de la Edad Media. Pululan en la tela múltiples personajes simbólicos y la sátira ha sacado partido de esa gigantesca diarrea. Se trata de un universo que no me concierne, exactamente opuesto a los monstruos que no han nacido del mismo modo, sino al contrario, ya que derivan de la luz mediterránea. (...) A.B.: -Los monstruos de Rafael no son vivientes: son casi únicamente motivos decorativos dibujados a la ligera. S.D.: -Son para mí más monstruosos que las criaturas de Jerónimo Bosch. Si uno no los descubre, se debe al hecho de que por pudor los oculta bajo formas ornamentales. (...) Lo que me desagrada en las telas de Bosch es el elemento pueril, folklórico, primario y plebeyo: en una palabra, lo que habría podido pintar un campesino. (Alain Bosquet: Dalí desnudado; ed. Paidós, Buenos Aires, 1967.) III-6: Extracción de la piedra de la locura, atribuida a Pieter Brueghel el Viejo (alr.1525-1569), óleo sobre tabla, 74 x 103 cm, firmada y fechada “P. Brueghel 1556”, es considerada por casi todos los peritos como obra falsa. Hay quienes piensan, y me incluyo, que es mala copia de un original perdido. Antiguamente en Budapest, en la Colección Palugyam. El cirujano, de Jan Sanders van Hemessen (1500-1566), óleo sobre tabla, 100 x 141 cm., circa 1555 (Museo del Prado, Madrid). La extracción de la piedra, de Jan Steen (1625-1679), óleo sobre tabla, 45,6 x 36,5 cm., circa 1670 (Museum Boijmans van Beuningen, Rotterdam). IV-7: Charles de l’Écluse (conocido como Carolus Clusius, 1525-1609), médico y botánico flamenco, pionero en la descripción con método científico de las plantas (como se ve en su Rariorum plantarum historia, publicado en 1601). Fue el fundador del jardín botánico de la Universidad de Leiden. IV-8: Otra curiosidad, aún. A esta especulación se la llamó tulpenwindhandel, algo así como “venta de viento de tulipanes”; es decir, otra forma de estafar extrayendo el dinero a cambio de tulipanes. El tulipán propiamente dicho sigue siendo un buen negocio en Holanda. En otros países no es tan popular su cultivo, pero sigue siendo buen negocio la extracción de piedras inexistentes.
© Gustavo Charif 2006. Todos los escritos están protegidos bajo la ley 11723 de Registro de la Propiedad Intelectual. |